En Tokio, Buster Douglas tuvo que levantarse de la lona antes de derribar a Mike Tyson. En Brighton, Japón rechazó la posibilidad de empatar para intentar ganar. En Inglaterra, el Leicester prolongó durante 38 jornadas lo que parecía una anomalía pasajera. Son desenlaces que siguen sorprendiendo incluso cuando se conoce el resultado, porque hubo momentos concretos en los que todo pudo terminar de otra manera.
Las cotizaciones anteriores a esos acontecimientos permiten reconstruir la distancia entre las expectativas y lo ocurrido. Un 5.000 a 1 a campeón, un 42 a 1 en un combate o un 80 a 1 ante una potencia del rugby hablan de favoritos que parecían muy lejos. Estas cinco historias explican cómo llegaron a perder esa ventaja.
Leicester: del 5.000 a 1 a ganar la Premier con diez puntos de margen
Antes de la temporada 2015/16, el Leicester llegó a ofrecerse a 5.000 a 1 para conquistar la Premier League. Había regresado a la categoría en 2014 y nunca había acabado por encima del octavo puesto en la era de esta competición. La llegada de Claudio Ranieri precedió a un campeonato que terminó transformando el mapa del fútbol inglés.
El italiano encontró una combinación difícil de frenar. Jamie Vardy atacaba los espacios a la espalda de la defensa, Riyad Mahrez desequilibraba desde la derecha y N’Golo Kanté multiplicaba las recuperaciones en el centro. No necesitaban encerrar al rival durante todo el encuentro para generar peligro. Les bastaba recuperar en buenas condiciones y acelerar antes de que el contrario pudiera reorganizarse.
Los números individuales explican parte de aquella eficacia. Vardy cerró la liga con 24 goles y seis asistencias, mientras Mahrez aportó 17 tantos y once pases de gol. La amenaza llegaba desde posiciones distintas, lo que complicaba concentrar toda la vigilancia sobre un solo futbolista.
El título se confirmó el 2 de mayo de 2016, con el 2-2 entre Chelsea y Tottenham. El Leicester acabó con 81 puntos, diez más que el Arsenal, después de 23 victorias, doce empates y solo tres derrotas. La rareza de esta sorpresa está en su duración: sus rivales dispusieron de meses para identificar el plan y corregir la clasificación, pero ninguno sostuvo un rendimiento suficiente para alcanzarlo.
Buster Douglas: sobrevivir al octavo asalto para destronar a Tyson
El 11 de febrero de 1990, Mike Tyson subió al ring del Tokyo Dome con 37 victorias, ninguna derrota y 33 nocauts. Douglas figuraba como aspirante a 42 a 1 en la cotización histórica más citada de la pelea. La magnitud de la sorpresa empezó a entenderse antes del desenlace, cuando el aspirante consiguió imponer una distancia incómoda para el campeón.
Douglas trabajó con el jab, combinó sin quedarse inmóvil delante de Tyson y le obligó a atravesar una zona de golpes antes de acercarse. El registro de CompuBox recogido por BoxRec refleja 230 impactos de Douglas frente a 101 de Tyson. Solo con el jab, el aspirante conectó 128 golpes. Aquella diferencia ayuda a explicar por qué el combate no puede reducirse a una mano afortunada.
El peligro seguía siendo enorme. En el octavo asalto, un uppercut de Tyson derribó a Douglas y amenazó con convertir su superioridad anterior en una nota a pie de página. El aspirante se levantó, superó ese momento y volvió a competir. En el décimo, enlazó la combinación que mandó al campeón a la lona. El nocaut quedó registrado al minuto y 23 segundos.
La imagen de Tyson intentando recuperar el protector bucal resume el desconcierto de Tokio. El gran favorito había tenido la oportunidad de resolver la pelea, pero Douglas sobrevivió al golpe que debía cerrar la historia y terminó arrebatándole el campeonato.
Grecia: 80 a 1 y tres eliminatorias resueltas por la mínima
La UEFA recuerda que Grecia comenzó la Eurocopa de 2004 con una cotización de 80 a 1 al título. El equipo de Otto Rehhagel aún no había ganado un partido en una fase final de Eurocopa o Mundial. En Portugal encontró una organización capaz de incomodar a selecciones que llegaban con muchas más expectativas.
Estas historias también muestran la amplitud de las apuestas deportivas: la candidatura griega y la del Leicester se valoraban para ganar un torneo, mientras Douglas necesitaba resolver una sola pelea. La cobertura de competiciones y mercados varía entre operadores, una diferencia que puede consultarse en la selección de las casas de apuesta de oddschecker, dedicada a la oferta disponible en España. Esa variedad ayuda a situar cada sorpresa en su escenario competitivo, desde una temporada completa hasta un combate.
Grecia venció 2-1 a Portugal en la inauguración, empató con España y perdió ante Rusia. No recorrió la primera fase sin dificultades. Su transformación en campeón se produjo después: 1-0 contra Francia, 1-0 ante la República Checa y 1-0 frente a Portugal en la final.
Charisteas decidió los cruces con Francia y Portugal, mientras Dellas resolvió la semifinal durante la prórroga. El equipo protegía su área, cerraba espacios y aprovechaba con extraordinaria eficacia los remates de cabeza. La retrospectiva de la UEFA con los protagonistas griegos reconstruye cómo aquella disciplina colectiva permitió convertir tres marcadores estrechos en un título continental.
Japón: un 80 a 1 que eligió ganar en lugar de empatar
Según la crónica contemporánea de The Guardian, Japón se ofrecía a 80 a 1 ante Sudáfrica. El partido del 19 de septiembre de 2015 en Brighton terminó 34-32 para los japoneses, que solo habían ganado una vez anteriormente en un Mundial de rugby, contra Zimbabue en 1991.
Los campeonatos de selecciones llevan décadas produciendo resultados que alteran jerarquías, como recuerda también la historia de la primera Copa del Mundo de fútbol. En el caso japonés, la ruptura llegó frente a una Sudáfrica que ya había conquistado dos títulos mundiales.
El equipo de Eddie Jones mantuvo el encuentro abierto hasta el final. Con 32-29 en contra tuvo la posibilidad de buscar tres puntos mediante un golpe de castigo. Convertirlo habría permitido empatar, un resultado ya extraordinario ante aquel rival. El capitán Michael Leitch eligió seguir atacando y pidió una melé.
Sudáfrica estaba en inferioridad numérica tras una expulsión temporal. Japón conservó la posesión, llevó el juego hacia un costado y encontró después espacio en el contrario. Karne Hesketh culminó el ensayo decisivo con el tiempo reglamentario cumplido. La apuesta deportiva improbable se resolvió con otra elección audaz dentro del campo: renunciar a una igualada alcanzable para buscar una victoria histórica.
Holly Holm: la patada que desmontó el favoritismo de Rousey
La previa oficial de UFC 193, publicada el 11 de noviembre de 2015, situaba a Holly Holm en +1100, equivalente a 11 a 1, frente al -1900 de Ronda Rousey. La campeona llegaba invicta y Holm solo había disputado dos combates en UFC, ambos ganados por decisión. La diferencia de expectativas parecía enorme.
Holm, sin embargo, tenía una trayectoria de élite en el boxeo y consiguió trasladar al octágono su manejo de la distancia. Sus desplazamientos obligaban a Rousey a perseguirla y sus golpes castigaban las entradas. La aspirante evitó que el combate se convirtiera de forma sostenida en el enfrentamiento cuerpo a cuerpo que favorecía a la campeona.
El desenlace llegó en el segundo asalto, en Melbourne. Una patada a la cabeza derribó a Rousey y los golpes posteriores provocaron la intervención del árbitro Herb Dean a los 59 segundos. Holm había convertido una pelea presentada como otro gran examen para la aspirante en una demostración de cómo un estilo podía desactivar al favorito.
La cuota previa conserva el asombro de aquella noche. La secuencia del combate explica algo más duradero: antes de la acción decisiva, Holm ya había encontrado la distancia desde la que podía ganar.
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